Qué cosa esta de “irse de mariscada”. Suena a homenaje vintage, a bandeja plateada con una torre de pinzas, nécoras, langostinos y gambas. Así recuerdo yo mi primera marisquería, en Móstoles si no recuerdo mal. Ahora la cosa ha cambiado, la tradición de los sitios de siempre se mezcla con la vanguardia gastronómica, no hay nada rancio, hay frescura y alarde de nuestras costas. Para que no te pierdas, hemos buscado dónde comer marisco en Madrid, hemos probado hasta casi rozar la gota y hemos escogido estos 10 imprescindibles.

Hay que puntualizar que algunos no son una marisquería como lo conocemos comúnmente. Más bien tienen muy buen marisco, y otras opciones del mar y de la tierra. Y todas de diez, pero el marisco hay que pedirlo sí o sí.

Alabaster

En Alabaster lo mismo te ponen unas almejas “rubia gallega” en salsa verde de alga codium que un carabinero sobre pata y huevo frito. Ambos hay que pedirlos. Y las navajas de buceo con escabeche de algas que puedes comer en barra y a la brasa en mesa, y las zamburiñas fritas en polvo de gamba… Pregunta por cosas fuera de carta, de repente unas almejas con cardo en temporada te hacen la cena. La carta de vinos es espectacular, déjate aconsejar por Óscar Marcos, su sumiller.

C/ Montalbán, 9.

El Señor Martín

Berberechos en Sartén, langostinos de Isla Cristina a la sal y langosta de Ribeira asada y frita. El Señor Martín es para darse un homenaje. La tortilla con espardeñas y angula de monte es para los que se han pasado ya el juego con el marisco y quieren algo más. Y para quienes quieran varias, las brasas se les dan de lujo, dicen que es “donde mejor se expresan”, así que si hay pescado en mente, que sea a la brasa.

C/ General Castaños, 13.

Farmacia de Guardia

El nombre le viene al pelo: si tienes necesidad imperiosa de Marisco, a la Farmacia de Guardia. Además, el marisco está más que recomendado por sus proteínas. Pero no nos interesa en este caso por la prescripción médica, sino por el tamaño de las navajas que sirven en este sitio, por la ostra en tempura, por las vierias ahumadas y los percebes al wok. La caldeirada de nécora prometemos que alimenta el alma.

Corredera Baja de San Pablo 49.

Estimar

Los aficionados a la gastronomía conocerán a Rafa Zafra, ex Bulli (eso dice mucho de su hacer en cocina) y descendiente de la familia Gotanegra que sabe del producto del mar como sabe respirar. Este restaurante es una vuelta de tuerca pero respetuosa. Los percebes se hacen con gabardina, pero saben a percebes con esa sorpresa crujiente, el caviar se sirve en pan con mantequilla, los erizos acogen en su concha gamba fresca y caviar (este plato es un diez, el mar tal cual), y la ensaladilla de bogavante siempre apetece. Rafa sabe lo que se hace.

C/ Marqués de Cubas, 18.

Bugao

Hugo Ruiz llevaba tiempo buscando abrir su sitio, después de pasar por numerosos restaurantes Michelín, y su sueño se llamó Bugao. La carta parece random pero no lo es, todo tiene un hilo: producto de primera con cosas inesperadas. Véase el brioche de langostinos fritos, pan de gambas, cilantro, hierbabuena, ajo frito y Kimchee de yuzu, la coca de quisquillas de Motril, wasabi, pasta filo y guacamole y la almeja gallega de cuchillo, vermouth blanco, guisante baby y sus germinados.

Tiene lo mejor que se puede decir de un restaurante con estas características: el factor sorpresa.

C/ María de Molina, 4.

Lúa

Manuel Domínguez se ha hecho famoso por traer Galicia a un restaurante desenfadado pero ideal, de esos con ladrillo visto pero silla de terciopelo. Lo mejor, además de la calidad, es lo acogedor y desenfadado que es, no hay corsés, puedes llegar y tomarte en la barra, ahora que las hemos recuperado, un pulpo de escándalo. Hay un par de menús degustación, pero si te va el picoteo, pide carta y escoge la ostra con sopa de tomatillo verde, jalapeño y cilantro, el salpcón de bogavante, cigala, carabineiro y langostino, la ensaladilla de mariscos y las verdinas con carabinero. Sin desmerecer a los platos principales, comeríamos de entrantes, casi todos a base de marisco.

Paseo Eduardo Dato, 5.

El Pescador

El Pescador abrió en 1975 para ofrecer el producto de Pescaderías Coruñesas en Madrid. Y lo hacía sin artificios, ninguno, literalmente cero, ni siquiera limón. Luego se adaptaron a las nuevas tendencias, pero manteniendo el producto y lo que más nos gusta, el poder tomarlo en barra. Ahí te puedes pedir unas almejas gordas de carril a la sartén, cigalitas de Isla Cristina, txangurro gratinado en concha de erizo o la que siempre funciona: gamba blanca de Isla Cristina. Tiene restaurante con una carta de mariscos más extensa y más puesta donde aparecen el bogavante, las nécoras, los carabineros… Todo servido al natural y al peso.

C/ José Ortega y Gasset, 75.

La Trainera

Miguel García trajo un barco al barrio de Salamanca en 1966 y desde entonces no ha dejado de servir todo lo que nos da el mar. Un barco literalmente, el interior del restaurante lo simula. Aquí ya nos estamos moviendo en aguas profundas al mando ahora de sus hijos que siguen sirviendo platos tradicionales y marisco al peso: nécoras, centollo, buey de mar, almejas de carril… Nos gusta todo, también (de nuevo) que tras la pandemia podamos pedir una nécora tranquilamente en la barra con una caña.

C/ Lagasca, 60.

Naveira do Mar

Al barrio de Tetuán llegó Galicia de la mano del gallego Julio Bouza que en 1983 decidió abrir esta marisquería donde a diario puedes encontrar percebes, ostras, gamba roja, cigalas, carabineros, nécoras… Sujeto a mercado, pero Julio hace milagros. No hay nada rimbombante, es una marisquería de siempre, alejada del centro, pero que bien merece una visita.

C/ Santa Juliana, 57.

Rafa

Que al lado del retiro tengas una barra donde comer salpicón de bogavante es una llamada a la acción. Clarísimamente el tema del salpicón ha vuelto a las cartas de mariscos, como bien podéis ver en este artículo. Rafa lleva más de 60 años sirviendo marisco en Narváez. Tiene marisco fresco al natural y luego una tortilla abierta de carabineros y ajetes tiernos y y unas almejas al ajillo de mojar pan. Puedes ir a mesa vestida o a barra.

Calle Narváez, 68.

Foto de portada: Unsplash

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María

María

Parece un topicazo pero puedo comer pizza en cantidades industriales, eso sí, de masa finita, que tampoco hay que abusar, y sin piña. Me entusiasma el café de especialidad y la tortilla de patata con cebolla y sin cuajar (no es negociable). Ojalá tuviera el metabolismo fantástico de David, pero a mí me hace pagar eso de comer como un pozo sin fondo, aun así lo hago y solo por vosotros, queridos.

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