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Hemos buscado por todo Madrid, hemos probado tanto, tanto que ya somos expertos en el manejo de los palillos. De hecho, sabemos cosas como que no se pueden poner en posición vertical sobre la comida porque se asocia a las ofrendas a los difuntos. O que por más que busquemos el sushi bueno, bueno de verdad, no va a ser low cost (solo hay que echar un vistazo a las pescaderías para darse cuenta). Así que hemos recopilado once restaurantes donde comer sushi en Madrid con cuentas que no harán que te atragantes.

Nanako, sushi y fuego

El restaurante del chef Ariel D’Avila tiene lo mejor de las dos cocinas predominantes en Japón: la del sushi y la de la robata. Empezó en el Mercado de la Cebada, donde nosotros le conocimos, y no le hemos perdido la pista, le seguimos hasta su ubicación en solitario en el barrio de Chamberí. Allí, este cocinero da rienda suelta a la creatividad con las técnicas japonesas y las raíces brasileñas que lejos de perderlas tanto tiempo después, siguen presentes en lo que mejor sabe hacer: cocinar. Sopa miso, berenjena a la Robata, gyozas, sashimi, nigiris, hosomaki, uramaki, temaki… Robata por la que pasa pollo, pluma ibérica, panceta a baja temperatura y una deliciosa vieira. Y, en todo ello, fíjate bien, porque de repente hay un guiño a Brasil con la Moqueca de camarão (un plato de cuchara a base de pescado) y a su familia, presente hasta en el nombre, por cierto, pues Nanako es como le llamaban de pequeño. Suena japonés sin serlo, a veces el destino…

C/ Raimundo Lulio, 24.

Shibari Sushi Grill, sushi y robata

En Shibari se arriesgaron incorporando diferentes formas de cocina japonesa tradicional y les salió un restaurante donde es tan bueno el sushi como la robata (y lo decimos con conocimiento, que nos dimos un homenaje y os lo contamos aquí). El chef Jordan Karretero viene de otros restaurantes como Yakitoro y Nakama, de ahí su destreza creando brochetas japonesas y cortes de sushi espectaculares. Tienes que probar la sopa miso y la berenjena dengaku, que tiempo después de nuestra visita no la cambian en la carta de lo que gusta. Puedes lanzarte a innovar con un brioche con ventresca de atún toro, pero deja hueco para algunas piezas de sushi fresco y para la robata y los yakitoris, están al final de la carta, así que tómate tiempo de llegar al final porque el yakitori de salmón y pack choi gratinado con emulsión de kimchi y tierra de guisante de wasabi es de lágrimas.

C/ Mira el Río Baja nº20, Plaza Campillo del Mundo Nuevo.

Yokaloka, del mercado a su izakaya

En el mercado de Antón Martin un pequeño establecimiento destaca entre la muchedumbre por estar hasta arriba de gente y por ser lo más colorido y divertido del mercado. Allí abrió Yokaloka Izakaya Shokudo, Yokaloka para todos los que somos asiduos. En esta izakaya las raciones de gyozas se piden a pares (bien rellenas y crujientes), el ramen y los bowls tienen combinaciones sorprendentes que lo mismo sorprenden una noche divertida que una comida diario para los que encuentran en ese ratito su disfrute entre el trabajo. En el mercado tienen delivery y pronto abrirán reservas, pero por ahora es sálvese quien pueda. Por eso, Yoka abrió un segundo restaurante, Yokaloka Robata Sakebar, en la plaza Matute. Más cálido, con platos también auténticamente japoneses, robata (parrilla japonesa) y más nocturno (cuentan con un maestro mixólogo japonés para los que animen a un cóctel). Se admiten reservas.

Yokaloka Izakaya Shokudo, c/ Santa Isabel, 5. Dentro del mercado de Antón Martín | Yokaloka Robata Sakebar, plaza Matute, 7.

 

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Gaman, donde Japón se encuentra con Perú

A Luis Arévalo le avala su paso por Kabuki 225, Nikkei y Kena. En un momento dado, este chef peruano decidió apostar por su proyecto, uno que vuelve a sus orígenes en la cocina nikkei (japonesa y peruana). Es curioso, porque Gaman significa “tener la capacidad de sobreponerse a momentos complicados”, y el emprendimiento está lleno de ilusión, de ganas y de baches. Los superó con éxito y hoy Gaman es lugar de peregrinaje a barra y mesa para disfrutar de un producto muy fresco; si no uno no se arriesga a poner un nigiri de ostra ni unos temakis de gambas cristal. Hay platos conocidos, otros más originales por el producto que utiliza y las mezclas a las que se atreve (salmonetes, pulpos en nigiri) y otros muy personales que recuerdan a su Perú como el hamachi con berberechos a la mantequilla de pisco. Nosotros lo visitamos cuando abrió, pero te puedes hacer una idea aquí del nivel.

La carta es larga; si te pierdes, ve directo a su menú Teishoku (entrante, cinco piezas de nigiris, ramen y postre por 35€).

C/ Ferrer del Río, 7.

Akiro, hand rolls y un viaje nikkei

Si en Gaman Luis Arévalo se complica la existencia con sabores rompedores, productos inesperados y fusiones que sorprenden en la propuesta y aún más en boca, en Akiro se vuelve concreto y al grano: hand rolls. Si lo pudiéramos llevar al equivalente de la cocina patria, diríamos que es el picoteo japonés,porque uno va a tomarse un roll porque tiene gusanillo y acaba pidiendo cinco y poniéndose fino. Una lámina de alga crujiente (como la de los makis), arroz y, encima, salmón, o toro, o anguila, o pulpo… Pero también un acevichado porque los guiños a Perú siguen presentes en su cocina. Hay nigiris muy frescos y una selección de platitos que llama “viaje nikkei” para abrir boca: un tiradito de corvina, una tempura de langostinos, sopa ushio-miso… Ve con hambre, mira cómo nos pusimos nosotros en nuestra visita.

C/ Hermosilla, 40.

Mateo Honten, una izakaya japonesa

Empezamos el año fuerte. Nos plantamos en enero en Mateo Honten esperando la autenticidad que te anuncia una izakaya, y cumplió con creces. El lugar entra por los ojos, y su Tiradito de Hamachi (pez limón), su pollo Karaage (imprescindible) y las alitas con miso picante nos hicieron disfrutar fuerte. Teníamos que probar el sushi y tiramos por lo sencillo: un plato de sashimi bien fresco, unos niguiris de atún y de salmón perfectos y un Maguro Especial, un maki enorme de Akami, chutoro y toro. Y quien dijo que no se podían comer maravillas así en el centro de Madrid por menos de 50€. Si quieres ver cómo nos pusimos de finos, te dejamos aquí nuestro artículo.

C/ San Mateo, 14.

Lima Nikkei, la elegancia japonesa y el sabor de Perú

En el artículo posterior a nuestra visita, David, creador de este lugar al que acudes en busca de consejo, se mojó y afirmó que la nikkei es la fusión que le pirra y que en Lima Nikkei concretamente la bordan. Es verdad que muchas fusiones han terminado regular, pero la nikkei bien hecha junta lo mejor de ambos mundos: el japonés, en el que el producto se venera y tiene que ser bueno para estar realmente bueno (es lo que tiene apenas tocarlo) y la peruana que disfruta echándole sabor. En Lima Nikkei practican esta cocina fusión con mucho acierto. Al mando está el chef peruano Tito Bravo, que viene de lugares tan japoneses como 99 Sushibar o Kabuki. Así que hace unos cortes de alucinar y le mete el sabor de sus raíces. Hay todo tipo de elaboraciones japonesas (gunkan, hand rolls, sashimis, nigiris, makis…) y ceviches y tiraditos. Si quieres que se te haga la boca agua, echa un vistazo a nuestra visita.

C/ Rosario Pino, 8.

Santoku 181, un restaurante solo para ti

Si consigues juntar ocho amigos, este restaurante es solo tuyo. Cuenta con una sola mesa para ocho comensales y, por tanto, una atención espectacular, como tener tu chef privado. Más espectacular que esto es su menú de seis pases (bebida no incluida) por 35€. Si te apetece una experiencia menos privada y más vibrante, tienen otro local, Santoku La Barra para vivir toda la acción de sus cocinas. Reserva con tiempo, este tiene trece asientos.

Santoku 181, calle Lope de Rueda 6, Madrid | Santoku La Barra, calle Lope de Rueda 16, Madrid.

 

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Kaito, el auténtico hand roll japonés

Una taberna japonesa donde todo ocurre en una barra por la que desfilan los auténticos hand rolls japoneses. El maestro Koichi, llegado desde Japón para hacer auténtico del todo este restaurante, corta el pescado y el resto de ingredientes frescos con la paciencia y el buen hacer de un auténtico experto. Alga crujiente, arroz y salmón fresco, cangrejo de concha blanda, anguila, langostinos, atún e incluso wagyu. Que no asuste tanto maestro y tanto productazo porque el precio es asequible. La carta cuenta también con nigiris, uramakis y makis, brochetas… Pidas lo que pidas, píllate un roll (o tres).

C/ Lagasca, 48.

Sr. Ito, para los menos puretas

Menos ortodoxo, menos purista, muy divertido. Aquí hay sushi para todos los gustos, porque no vamos a criticar, ni mucho menos, al que se sienta a la mesa esperando un delicioso sashimi de dorada y, después, un buen bao de calamares con wasabi. Sr. Ito busca que si no te pirra una comida de sushi completa, tengas otras opciones. Pero siendo honestos, si estás buscando dónde comer sushi en Madrid, Sr. Ito no puede faltar en tu lista. El sushi es de buena calidad y las combinaciones están deliciosas.

C/ Pelayo, 60.

 

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Ichikani, un restaurante japo-cozy

Cuando entras, el sitio es la mar de elegante y la mar de japonés, con sus maderas, su barra, su iluminación cálida e impoluta. Un japonés cálido, cozy que se dice ahora que el inglés está presente todo el rato. Los hand rolls son la atracción de este lugar, elaborados al momento y presentados de una manera pulidísima. No es que un restaurante nos guste por los ojos, pero por ahí debe entrar la comida en primer lugar y aquí lo hacen con mucho gusto. En su carta hay entrantes para compartir, sashimi, bowls (ojo al yakimeshi de arroz frito con langostinos o con rib eye), gyozas, nigiris y makis, y, claro, los famosos hand rolls: ojo al Dynamite Crab (con kani, la pulpa del cangrejo y un mix de ingredientes que le dan mucha textura) o al de atún con huevo, meloso y lleno de sabor.

C/ Velázquez, 31.

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María

Parece un topicazo pero puedo comer pizza en cantidades industriales, eso sí, de masa finita, que tampoco hay que abusar, y sin piña. Me entusiasma el café de especialidad y la tortilla de patata con cebolla y sin cuajar (no es negociable). Ojalá tuviera el metabolismo fantástico de David, pero a mí me hace pagar eso de comer como un pozo sin fondo, aun así lo hago y solo por vosotros, queridos.

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