Unos están a su favor y otros critican su consumo, pero lo cierto es que, más allá de dimes y diretes, la leche lleva nutriéndonos desde que el mundo es mundo y hoy, 1 de junio, se celebra por todo lo alto el Día Mundial de la Leche. Una jornada especial que se inauguró en 2001 para reivindicar sus bondades, y poner en común algunas historias curiosas a nivel global.

Actualmente ya son más de 40 países los que en esta jornada organizan programas especiales en torno a este alimento del que, probablemente, no lo sepas todo. Te contamos algunos datos y con ayuda de la experta en nutrición, Anabel Fernández, dietista nutricionista en KOA Center, ponemos las cosas claras acerca de sus propiedades y mitos.

Las cifras del consumo

Según publica la Federación Española de Industrias Lácteas (FENIL), durante el año 2016 se consumieron más de tres millones de toneladas de leche en el total de los hogares españoles. Puede parecer una barbaridad, y lo es, pero también hay que decir que ese consumo ha ido a la baja en los últimos años, ya que en 2010 la cifra era de trescientas mil toneladas más.

Sorprendería saber, por cierto, que en el mundo son más de seis mil millones de personas las que ingieren leche y productos lácteos a diario, tal y como comunica la FAO.

En el mundo, son más de seis mil millones de personas las que ingieren leche y productos lácteos a diario. Click Para Twittear

No todo es vaca

Hoy, en el Día Mundial de la Leche, vamos a derribar dos mitos. Por un lado, aquello que muchos denominan “leche” de origen vegetal (avena, soja, arroz, espelta, almendra, etc) no es leche, sino bebida, tal y como estipula el reglamento 1308/2013 de la Unión Europea, donde se define leche como exclusivamente la secreción mamaria normal obtenida a partir de uno o más ordeños, sin ningún tipo de adición ni extracción; y por otro lado, la leche para consumo humano no es única y exclusivamente monopolio de las vacas, ovejas y cabras. Existen por el mundo la leche de camella, búfala, equino y yak, por citar algunas, que alimentan a gran parte de la población en muchos países.

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Ni todas son  iguales

Para nada. Aprovechando que estamos en el Día Mundial de la Leche, citemos algunos datos que facilita la FAO:

– La de vaca, por ejemplo, contiene una proporción de grasas que constituyen alrededor del 3% al 4 % del contenido sólido de su composición. Mientras que la de búfala suele ser muy superior. De hecho, como publica la propia FAO, por término medio suele contener el doble de grasa que la de vaca.

– La de camella, explican, suele ser más parecida a la de vaca en su composición, pero resulta, dicen, más salada, y tres veces más rica en vitamina C que la de vaca.

– La de oveja suele tener más lactosa que la leche de vaca, búfala y cabra.

– Y la de equino, por poner otro ejemplo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, tiene en común con la leche humana, su bajo nivel de proteínas (particularmente de caseínas), aunque es rica en lactosa. Pero en comparación con otras leches de animal, la de burra y la de yegua se caracteriza también por su bajo nivel de grasa. Curioso.

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¿Todas sirven para todo?

Sacando conclusiones de los informes de la FAO, diríamos que tampoco. Por ejemplo, puede que por su sabor dulce y aromático, la de yak sea el alimento ideal de los pastores del Himalaya para elaborar su té con leche. La leche de equino en su mayoría se consume fermentada y no es apta para confeccionar queso. Y aunque en África y Asia meridional la de cabra se consume cruda o acidificada, en España, por ejemplo, se usa principalmente para la elaboración de quesos magníficos.

Hay quien, como especifica Anabel Fernández, defiende que la leche de oveja y cabra es mejor que la de vaca porque sus proteínas son más similares a la leche materna. “Pero, más allá de esto –puntualiza la experta–, lo que hay que decir es que lo principal para tu salud, sea cual sea la leche que consumas, es intentar no acompañarla de azúcar añadido o de cacaos solubles que se suelen añadir a los cafés con leche, o a los vasos de leche de los más pequeños”.

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¿Buena o mala?

Según otra de las informaciones de la FAO, la leche puede contribuir considerablemente a la ingestión necesaria de nutrientes como el calcio, magnesio, selenio, riboflavina, vitamina B12 y B5. Pero en este punto, tal vez sea preciso hacer un pequeño e importante matiz que apunta la dietista nutricionista de KOA Center. “Estamos ante un alimento que, como cualquier otro, tiene sus beneficios al aportarnos ciertos nutrientes, sí, pero no es imprescindible. Por ejemplo, el calcio está presente en la leche, pero también en muchos otros alimentos como las almendras, las alubias o el sésamo entre otros. Además, sobre esto, aunque nos han metido el miedo en el cuerpo, hay que matizar que más calcio no es sinónimo de menos osteoporosis.

La leche es un alimento que, como cualquier otro, tiene sus beneficios al aportarnos ciertos nutrientes, pero no es imprescindible. Click Para Twittear

Hay consejos mucho más importantes como que nos dé el sol para obtener vitamina D o hacer ejercicios físicos de fuerza que ayudarían mucho a la población a evitar problemas de huesos. Lo que hay que tener claro es que un único alimento no proporciona beneficios determinados para la salud. Lo que va a proporcionar beneficios para la salud es el conjunto de una alimentación saludable, tanto si contiene lácteos como si no”, afirma.

La dosis adecuada

Los criterios al respecto son de lo más variopinto. Para Anabel Fernández, lo ideal sería “un máximo de 2 raciones de lácteos al día. Una ración es, por ejemplo,  un vaso de leche; dos  yogures; 80 gramos de queso fresco, o 30-40 gramos de queso semi. Mejor, por cierto, si optamos por los lácteos fermentados como el yogur”. Para la Sociedad Española de Nutrición (SEN) la dosis idónea está entre dos y cuatro raciones al día para los adultos, y  cuatro los niños.

Mientras que para la FAO no existen recomendaciones genéricas sobre el asunto. La mayoría de los países, especifica la institución internacional, recomiendan al menos una porción de leche al día, y otros aconsejan hasta tres. Lo que sí especifica es que “un vaso al día de 200 ml de leche entera de vaca aporta a un niño de 5 años –por término medio–, un 21% de las necesidades proteicas y un 8% de las calóricas y micronutrientes esenciales”.

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¿Desnatada, semi o entera?

En cuestión de nutrientes, la dietista nutricionista Anabel Fernández señala que cualquier versión descremada aporta los mismos que la leche entera. Todo es igual “salvo la porción grasa y algunas vitaminas liposolubles, en caso de que no se añadan. De todas formas, –comenta la experta– se ha visto que el consumo de leche o lácteos enteros puede ser más recomendable ya que aporta más saciedad y la grasa láctea, pese a ser saturada, no es tan mala como pensábamos”, apunta. Así que en este tema lo dejamos a una cuestión de gustos y, sobre todo, a la recomendación de tu médico o dietista-nutricionista en caso de que necesites llevar una dieta especial por algo.

El consumo de lácteos enteros puede ser más recomendable al aportar más saciedad y la grasa láctea, pese a ser saturada, no es tan mala como pensábamos. Click Para Twittear

Ah, y por cierto, la otra gran pregunta en el Día Mundial de la Leche: ¿enriquecida con vitaminas, omega-3 o calcio? “¿Realmente esas variantes son necesarias?” se pregunta la dietista-nutricionista Fernández. “Piensa que puedes tomarte unas sardinas o un pescado azul para obtener una buena dosis de omega-3 sin problema. Al final este tipo de leches solo hará que estemos comprando las más caras, que no nos van a servir para nada, aunque tengan los mismos nutrientes, y que puede que nos hagan perder el foco de otros posibles errores que estamos cometiendo en nuestra alimentación y nuestros hábitos”.

Fotos: Unsplash

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