Latxa, kaiku, Ultzama, cuajada… Podrían ser las palabras claves para elaborar un retrato viajero por la vida rural de Navarra, pero en verdad son los pilares sobre los que se construye el éxito de una de las marcas más reconocidas de productos lácteos de nuestro país: Goshua.

Hoy nos asomamos a esta tierra de sabor y tradición del norte de España para conocer más a fondo la historia, la versatilidad y los beneficios de algunos de sus postres lácteos con mayor solera. Una experiencia gastronómica tan apetecible como recomendable para los amantes de lo goloso y lo bien hecho. ¿Te animas?

Postres premium con arraigo

Dicen que las grandes historias guardan su esencia en pequeños recipientes, como esos que mantienen intactos el aroma y el sabor de las recetas de Goshua. De muestra, basta con destapar uno de sus icónicos tarros, ya sea de vidrio o de terracota, para descubrir que detrás de un bocado dulce se esconden años de tradiciones centenarias que definen la idiosincrasia de un territorio y sus gentes.

Porque lo cierto es que esta marca no solo teje la historia de la familia Saralegui-Satrústegui desde los años 50, cuando por entonces, Lourdes y Victoriano vendían productos lácteos en la tienda Baserri de Pamplona y distribuían también sus primeras cuajadas en el afamado restaurante Las Pocholas de la capital navarra; Goshua también habla de la vida y los oficios autóctonos desde épocas remotas en los caseríos y los valles navarros como el de Ultzama porque, tal y como afirman los responsables de la marca, “el valor de la tradición, la historia, la cultura y las gentes de nuestra comunidad han sido el punto de partida de nuestra esencia”.

Identidad gastronómica Goshua

Y entre todos los postres tradicionales del banquete navarro, nos quedamos con uno: la cuajada. “Para nosotros, aquí en Navarra, la cuajada es un símbolo. Símbolo de raíz, de postre singular y pionero que ha sabido mantenerse en el tiempo, produciéndose con la misma receta de forma artesanal”, comenta el laureado cocinero navarro, Alex Múgica.

Solo por curiosidad, te diremos que muchos años atrás, como recuerda para Goshua el artesano de Erratzu, Santiago Oteiza, en los días festivos, los pastores se acercaban a los pueblos llevando cuajadas que ellos mismos elaboraban en sus caseríos. Las transportaban en el utensilio de madera más emblemático, con el que se ordeñaba y cocía la leche: el kaiku. Recipiente que, por cierto, algunos, como Santiago, siguen tallando artesanalmente en su taller a día de hoy.

“La cuajada es, sin duda, el postre más genuino de esta tierra. Delicada, suave en su sabor y tersa en su textura. Con excelentes propiedades nutricionales, su único secreto es la autenticidad de sus ingredientes (la leche fresca de oveja y el cuajo), y su elaboración”, aseguran los responsables de la marca. 

Postres deliciosos y, además, nutritivos

Si la cuajada premium de Goshua es de 10, los otros postres de la casa no se quedan atrás. Los yogures naturales de oveja o incluso los que llevan un toque de limón, vainilla, moras y arándanos, o el cremoso con castañas; el genuino yogur con leche de cabra; el auténtico yogur del Pirineo al estilo griego con fresas o melocotón; la espléndida versión del arroz con leche más artesanal; las deliciosas natillas con vainilla o caramelo; la crema de chocolate belga (mmmm, sin palabras); los suculentos flanes de café o de queso… De todos ellos, podríamos decir que cada cual, mejor y más apetecible, ya sea como postre único, o como ingrediente para elaborar otras recetas.

Pero, ¿qué distingue a los postres de Goshua de otros para haber conquistado al consumidor?

La leche del Pirineo. Es la base fundamental de la calidad premium de sus postres. Especialmente, la leche de oveja latxa. Se sabe que es fuente de proteínas, minerales (calcio, magnesio, zinc y fosfatos), vitaminas (B1, B2, B12, retinol, folato, niacina, vitamina D, A y C), ácidos grasos y aminoácidos esenciales, en una proporción muy superior a la que presentan las leches de vaca y de cabra. En los postres de Goshua se convierte casi en la reina indiscutible, aportando un sabor especial y un toque saludable.

La frescura. Recolectan la leche de su entorno más cercano y en un plazo de entre 24 y 48 horas la convierten en deliciosos postres.

Sin gluten. ¡En ninguna de sus versiones! Lo que los convierte en un placer al alcance de todos.

Recetas sin conservantes ni colorantes. Es una de las razones de peso del secreto de la gran naturalidad del sabor de estos postres. Lo saludable como parte de la razón de ser de Goshua.

“La palabra gotxua significa delicioso, y así son nuestros postres, que pretenden conquistar el paladar desde la primera cucharada. Un auténtico placer para los sentidos que intentamos transmitir cuidando de cada aspecto, como del detalle de cada tarro-envase como si fuera único. ¿Por qué un tarro especial como el de terracota se ha convertido en emblema de nuestra cuajada? Porque es la forma idónea para conservar las características de los postres sin que se alteren: su sabor inconfundible, la textura apetecible y las reminiscencias del saber hacer en las recetas transmitido de generación en generación. Por otra parte, seguimos así la tradición, porque las primeras cuajadas que elaboró la familia Saralegui se servían en un tarro de barro tapadas con un fino paño”, nos explican desde la casa.

El club del postre

Y por su puesto, algo delicioso debe catarse cuanto más, mejor. Por eso, el Club del Postre de Goshua es la cita imprescindible para todo foodie y aspirante a repostero.

“Queremos que sea el punto de encuentro apetecible y práctico para los amantes del final perfecto de una comida, para los que eligen lo saludable sin renunciar al sabor, para los amantes del postre en general”, nos explica el portavoz de la casa. Talleres, recetas, encuentros con influencers reposteros que comparten sus creaciones, sorteos, premios, charlas… Una experiencia gastronómica dulce y repleta de sabor y tradición que no defrauda.

Teresa

Teresa

Periodista de formación y vocación; curiosa de nacimiento; positiva, soñadora y buscadora de aquellos porqués (grandes o pequeños) que se esconden detrás de las cosas. ¿El objetivo? Entender y apreciar mejor el valor de todo lo que se cuece en esta vida.

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