Con permiso de la peruana, y la tailandesa, la cocina de Oriente Medio es sin lugar a dudas una de mis favoritas. Desde que abrió Yala Yala, del chef Imran Rafi (quizá te suene por Bunny Chao o Caravan Café), teníamos pendiente una visita a este pequeño restaurante del que nos habían llegado muy buenas referencias.
La semana pasada por fin les hicimos una visita, y esta se ha convertido en nuestro restaurante recomendado.
Está en la zona de Antón Martín, al igual que sus otros proyectos, aunque aquí Imran cambia completamente de registro con una carta corta que viaja por Oriente Medio y el norte de África (Líbano, Siria, Palestina, Marruecos, Turquía…). Una cocina con muchos matices, muy pensada para pedir varias cosas, ponerlas en el centro y liarse a rebañar con su pan de pita hasta que no quede ni gota.

Nosotros éramos tres, pedimos tres entrantes y tres principales, y ni un solo fallo. Todo tiene muchísimo sabor, pero sin volverse locos: especias, picantes, acidez, hierbas… todo está muy bien medido y equilibrado, sin que nada se coma el plato ni acabes con el paladar saturado. Y esto, cuando juegas con sabores tan potentes, es importantísimo.
Empezamos con su Muhammara de pimientos rojos asados, con nueces y pasas. Imprescindible en Yala Yala.

Después seguimos con dos entrantes más, Yala Labneh con puerros asados, guisantes, habas, hierbas frescas y ajo confitado; y Atún rojo aceitunas negras, semillas de mostaza, limón, cebollino y cilantro.


Y acabamos con tres «principales», igualmente compartiéndolo todo.
Berenjena Borani, berenjena a la parrilla, tomate y cúrcuma, y labneh especiado; y un increíble Tajine de Kefta, albóndigas con ras al hanout, salsa de tomate, albaricoque y almendras, salsa de yogur. Apunta, otro must en Yala Yala.

Por último, un Shawarma de pollo con salsa de alioli con ajo y cúrcuma, pan pita, tomates cherry confitados y ensalada de hierbas. Ojo, porque la jugosidad de este pollo (que previamente maceran en yogur) es una locura.

Y cuando pensábamos que la comida ya estaba más que resuelta, llegaron los postres. Vaya postres. Aquí hay que guardar hueco sí o sí.
Y especialmente para la Tarta Tatín, porque directamente es la mejor que hemos probado nunca. Así, sin más. Hay un antes y un después tras probar esta tatín, recuerda mis palabras. La Crème brûlée clásica con pistachos está más que correcta, pero la Tatín nos robó el corazón.

Resumiendo, nos lo pasamos muy bien y comimos mejor en Yala Yala. Seis platos, cero fallos. Todo un recorrido por Oriente Medio lleno de sabores potentes, pero perfectamente equilibrados y un final inesperado, de otra galaxia. Nuestros favoritos fueron Shawarma, Atún Rojo, Tajine, y Muhammara, e insisto, la Tarta Tatín juega directamente en otra liga. El ticket medio ronda los 30 euros/persona. Apunta, porque lmran y su equipo lo están haciendo pero que muy bien. Merecen la visita… ya me contarás.
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C/ Torrecilla del Leal, 20.