Todo el mundo lo sabe, cada vez más, Madrid se está convirtiendo en una “plaza difícil”, gastronómicamente hablando claro. Hay mucho de todo, demasiado de hecho, muchos se quieren sumar al carro, pero lo hacen sin pena ni gloria y pronto caen en el olvido. Es por eso que en los últimos años estamos viendo cada vez más formatos que se salen de lo común, monográficos que apuestan por algo muy concreto, bien sea un producto, o una elaboración, y lo trabajan de maravilla para enganchar al público con una super especialización. Ya lo vimos, por ejemplo, con Hojaldrería (hojaldres en todo su esplendor), Carmen (únicamente cocidos, y al medio día), o incluso Glass Mar (donde el solo el mar es el que manda). Esta semana, os hablamos de Lobsterie, una gran oda al señor bogavante.

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Arnaud Keres y Clément de La Jonquière, el jefe de cocina (ex Taberna Recreo), ambos franceses, llevan 6 meses funcionando, y muy bien, con este lobster bar estilo americano, que ocupa el local del antiguo Barra Atlántica. Una pequeña sala, con mesas altas únicamente, para aportar ese rollo informal tan demandado últimamente, donde ofrecen una carta muy corta, con apenas 4 entrantes y 3 principales. ¿Para qué más, si lo que haces lo haces bien, no? Para beber, algo de burbujas, vinos por copa y una pequeña pero efectiva selección de botellas tanto de España como de Francia.

Nos plantamos allí con hambre y con ganas de conocer a fondo lo que Lobsterie nos tenía que ofrecer, así que optamos por un entrante, y después los tres principales que tienen en carta. A full. Como siempre, ya mismo te lo contamos plato a plato… ¡Atiende!

De primeras, y aunque nos tentaba su limonada y té helado casero, nos atrevimos con un cóctel marca de la casa, un Bloody mary con bogavante. Sí, así, como suena. Buen punch para empezar.

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Y para ir abriendo boca, pedimos un par de Croquetas de bogavante. Relleno con mucho sabor pero ligero a la vez, cremositas y muy crujientes.

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Seguimos con uno de los hits de Lobsterie, el maravilloso Lobster Roll, un brioche dulce (de la panadería Amasa, en Majadahonda), relleno de bogavante troceado (estilo Maine, es decir, frío). Con una ensalada de col, y unas patatas fritas que están para tirarse de cabeza.

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Y entonces, llegó él. Pasamos al Bogavante asado, la pieza asada (600 gramos de bogavante gallego) asado en mantequilla. No te quiero contar cómo estaba esto… acompañado igualmente de patatas fritas y coleslaw, y con un Trenel Coteaux Bourguignon 2016. Directo al cielo.

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Y para acabar, también quisimos probar la única opción carnívora (tenían que meterla en carta), así que marchando su Sandwich de Pulled Pork, carne de cerdo al horno, desmigado y compacto, con granos de mostaza encurtida y lombarda, y con jugo de la misma carne. El pan con semillas de amapola, también es de Amasa.

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De postre, nos sorprendieron (¡y hablo de sorpresa porque está realmente bueno!) con un Tiramisú casero. No pudo haber final más feliz.

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Gran acierto, tanto el pasarnos por Lobsterie, como el hecho de que sus creadores se hayan sacado este pelotazo de la manga. No se me ocurre ningún sitio en Madrid donde comer bogavante sea tan asequible (recordemos que en Lobsterie hablamos de un ticket que rondará entre los 30 y 40 euros) y a la vez tan divertido. Y es que en este, el primer lobster bar de España, vas a disfrutar compartiendo y comiendo con las manos, vas a escuchar buena música, y además te van a atender de maravilla. Está claro, para ellos va nuestra recomendación semanal. Arnaud y compañía merecen tu visita.

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Restaurante Lobsterie Madrid 07

Para que les sigáis la pista, aquí os dejamos la web de Lobsterie, su Instagram y Facebook:

C/ Gravina, 17.

Fotos: Gregorio González.

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