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Para muchos el número siete es el número de la suerte. En la castiza fachada de Jam aparece por partida doble, a izquierda y derecha. Sin embargo, en esta nueva taberna libanesa están tocados por otra cifra igual de mágica, el tres.

Tres son las letras de Jam, un nombre inspirado en las sesiones de música improvisadas de las que surge una melodía inesperada. Tres son también las familias detrás del proyecto, y además, Brasil España y Líbano se unen en un interesante trío gastronómico.

La idea de Jam es novedosa: combinar la experiencia de la taberna clásica española con una cocina de Oriente Medio, sobre todo la cocina libanesa más conocida. La sencillez de los ingredientes, la presencia de verduras y legumbres (pocas carnes) y la digestibilidad de los platos son buenos argumentos para entender el auge de este tipo de cocina en la capital.

En su interior, Jam mantiene el espíritu de taberna, abierta a las calles del barrio de Las Letras y Lavapiés, con mesitas redondas y bajas, que invitan a escuchar de cerca la conversación y de fondo, ritmos árabes que terminan por ambientar la experiencia.

Decidimos empezar nuestra Jam session con un must de la casa: la (No es una) Gilda, con pastrami, menta, cebolla encurtida, aceituna kalamata y piparra. Un aperitivo estupendo que recomendamos combinar con la Ginger Beer de la casa.

Y por recomendación de Kaio, nos decantamos por una ración de Chancliche, un plato con labneh (queso de yogurt) presentado en forma de bolita con aceite y zaatar (especias) acompañados de pimientos rojos y amarillos asados con cebolla y unas tostas. Una apertura deliciosa aunque nos quedamos con ganas de más cantidad. 

Sin temor a equivocarnos, el Falafel es un plato obligatorio en cualquier visita a Jam. Tiernos y ligeros, llegan acompañados de una refrescante salsa de tahini de la casa -salsa que esconde muchas pruebas. Repetiríamos sin dudar.

Seguimos con la sección de pastas – no italianas, sino entendidas como cremas, con un trío de éxito formado por un recurrente Labneh, pepitas de granada y almendras; el Hummus clásico (y cremoso) de la casa, y el Babaganoush, este último una absoluta delicia gracias al toque ahumado de la berenjena. Rebañamos todo lo que pudimos con el pan de pita.

Y a continuación fue le turno de uno de los reyes de la carta: el Hummus de bacalao, una versión inusual con cebolla morada, pimienta negra y olivada. Cremoso y original, es muy recomendable para dejarse sorprender.

Del apartado pitas, nos decantamos por la Pita de calabacín, y desde luego fue todo un acierto. Se trata de una receta personal del chef donde combina ingredientes habituales en carta como el labneh o pepitas de granadas, con calabacines marinados, almendras y aceite zhoug ligeramente picante. Una pita muy rica, para relamerse y mancharse.

Lo último que probamos fue la Ensalada Jam, con hojas radicchio que funcionan como barquitas sobre las que depositan labneh, piñones tostados, salsa de miso rojo y fruta, en este caso manzana asada. Una opción sencilla que funciona.

El cierre lo puso el postre Malabie, un bocado muy goloso que recuerda a un arroz con leche suave, coronado por un crumble y frambuesa. Quizás un punto ácido redondearía este postre.

En esta historia de conexiones de aquí y allá, Jam resulta ser un local con un formato diferente  – que no nos extrañaría ver de nuevo en Madrid –  sin pretensiones y con aires relajados donde poder conversar sin prisas con un cóctel y un plato de hummus mientras suena música de fondo.

Con la sencillez como punto de partida, Jam hace suya la informalidad de la taberna y el espíritu de tapeo madrileño. En su cocina encontramos sabores mediterráneos con verduras y legumbres típicos del mediterráneo y una carta esmerada, pensada para compartir y sobre todo, ligera y sabrosa. Como en cualquier apertura tienen por delante los ajustes lógicos – pronto incluirán café de especialidad – pero está claro que tienen un as en la manga y han sabido jugarlo bien. El tres les dará suerte y estaremos pendientes de ver cómo evoluciona Jam. Ticket medio 30€.

En este enlace puedes seguirles en Instagram.

C/ Marqués de Toca, 7.

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Sandra

Periodista made in Madrid. Enamorada del chocolate y del café. Como con los ojos y odio las calorías. Muy fan del salmón. Busco tesoros culinarios.

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