Cuando hablamos de Rioja, irremediablemente, solo nos viene una palabra a la cabeza: vino tinto. Nada tan lejos, y a la vez tan cerca de la realidad.

¿Es una tierra centrada en la tempranillo?, ¿es hacer blancos explotar la gallina de los huevos de oro de la marca Rioja?.

Cuando los franceses se cogieron el Ave hasta Haro para enseñar/aprovecharse de la buena tierra en la Ribera del Ebro siglos atrás, no se olvidaron de instruir en la elaboración del blanco a los paisanos. Al fin y al cabo también había una necesidad de suplantar sus vinos de semillón, sauvignon blanc… etc.

Haro (vía globosvientozero.com)

Haro (vía globosvientozero.com)

Lo que realmente me fascina y me da que pensar de esta historia, es si la copia, al menos en los inicios, del modelo francés, es una cuestión de querer, de poder, o de ambas cosas.

Burdeos blanco y tinto, vinos de larga guarda, de lento desarrollo. Exactamente igual que un Castillo de Ygay o un Viña Tondonia blanco. ¿Estudiaron las posibilidades antes de venir?, ¿casualidad que nuestras variedades en la zona sean capaces de envejecer tan pausadamente?, ¿es la estabilización producida por la crianza en barrica durante tanto tiempo (al estilo de la vieja escuela) el factor principal de la longevidad de un vino junto a su acidez?.

Misterios sin resolver. Sea como fuere hemos vivido (es una forma de hablar, o casi un deseo) una época donde la Rioja era conocida tanto por vinos blancos como por vinos tintos. Hace 40, 50 o 100 años. Desgraciadamente eso no ocurre ahora.

Las bodegas con más historia eran, por supuesto, elaboradores de grandes vinos blancos de guarda. En ocasiones, visitando tiendas donde aún quedan pruebas vivientes (o eso esperas al comprarlas) de otros tiempos mejores, me he encontrado con vinos de los que ni siquiera sabía de su existencia. Monte Real blanco, por ejemplo. Un vino de reserva, delicioso, reposado y para oler y oler durante horas. Una rareza por desgracia.

Vinos de guarda (vía revistaenologo.es)

Vinos de guarda (vía revistaenologo.es)

Otros ejemplos más conocidos, y de los que hoy en día solo se conserva la marca, sería Diamante. ¿Quien no conoce este vino semi-dulce que beben aquellos a las que no les gusta el vino porque es como una fanta de naranja y esta dulcecito?. Nada que ver con lo que se hacía antiguamente. Un grandísimo vino que ha enterrado a más de uno y que se cotiza más que las fotos en pelotas de Beyonce.

Otra época, otras maneras, otros objetivos y otras modas.

Malvasia, garnacha blanca, torrontés… pero sobre todo la cenicienta de este cuento, la fea que cuando se quita la gafas es un cañón. La Viura.

Con una capacidad de sufrimiento, en forma de crianza, digna de elogio, tanto en barrica como en botella. Con una acidez refrescante sobre la que se construye un vino de oro puro.

Muchos pretendientes a los que Cenicienta les ha dado calabazas hablan mierda de ella, que es una mujer muy rancia, dicen. Pero precisamente esta austeridad, esa neutralidad de la uva, su parquedad en aromas, es lo que permite que sea una fiel transmisora del suelo, del paisaje, que la queramos por si misma y no por sus zapatos de cristal, no por su maquillaje.

Se han arrancado muchas plantas, el blanco en la zona dejo de interesar. Vivimos en un mundo rápido y quizás ya nadie está preparado para esperar un tiempo infinito para beber su botella. Sin embargo es maravilloso beber vinos blancos con 40 años, lo que estos seres de luz despliegan está al alcance de muy pocos. Experiencias orgásmicas. Quizás hoy en día los tiros vayan por otro lado, por la inmediatez. Yo seguiré bebiendo blancos riojanos, de antes y de ahora.

Viña Gravonia 2005. El referente.

Monovarietal de Viura. Recien salido al mercado. 10 años a sus espaldas. Complejidad, frescura y “bebilidad”. Una referencia para entender toda mi parrafada. De culto. Que no se rompa la noche.

Precio: 12,90 € en LaTintoreria.

Viña Gravonia 2005

Artadi Viñas de Gain 2010. Odisea en el espacio.

La concepción más moderna de la Viura, en el mejor sentido de la palabra, viene sellada dentro de esta botella como un tesoro.

Finura, clase, transparencia, mineralidad. Lo he sacado a ciegas alguna vez y ha levantado pasiones. Todo en su sitio, todo muy rico.

Precio: 16.35 €.

Artadi Viñas De Gain Blanco (gourmethunters.es)

Artadi Viñas De Gain Blanco (gourmethunters.es)

Abel Mendoza Viura 2014. El vigneron.

Entre el primero y el segundo. Moderno en si mismo pero con una larga, y necesaria, guarda en botella estoy seguro que se convertirá en un pureta molón. Ahora mismo hay bastante madera pero esa es la intención de Abel, darle estructura para permitir así un desarrollo óptimo. La concentración de este vino es acojonante, se puede notar la frescura de la Sierra de Cantabria corriendo por sus lagrimas. Calizo y descarnado. Daría lo que fuera por probarlo con 15 años.

Precio: 14,20 € en Vila Viniteca. ¡Por este precio no me digas que te duele guardar!.

Abel Mendoza (vía winesearcher.com)

Abel Mendoza (vía winesearcher.com)

Moraza blanco 2014.

La nueva escuela , respeto por la tradición. Búsqueda de la verdad. Pureza. La versión más austera de la Viura. Uno de mis descubrimientos de año. Puro suelo, pura mineralidad. Sápido y fresco a partes iguales. Para beber en porrón.

Precio: 16.90 € en Enoteca Barolo.

Moraza (vía montvinicstore.com)

Moraza (vía montvinicstore.com)

Contino Blanco 2009.

Malvasia y garnacha blanca se unen a la fiesta de nuestra damisela la Viura. Uno de los grandes vinos blancos de España en mi opinión. Serio pero juguetón, con potencia pero con elegancia. Fruta, grasa, miel, orejones…todo lo que haga falta. Un vino de escuela, de clase. Para aprender.

Precio: 21,90 € en Enoteca Barolo.

Contino Blanco (vía urbinavinos.blogspot.com)

Contino Blanco (vía urbinavinos.blogspot.com)

La luna brilla, pero es más bello lo que esconde en su cajón de noche.

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