Tuve la oportunidad de conocer a Sergio Fernández “El Monaguillo“, durante la emisión del programa Así nos va, de La Sexta, en el que coincidimos, él como colaborador y yo como parte del equipo.

Sergio comenzó su trayectoria humorísitca hace ya casi 20 años con varios proyectos en Onda Cero, y después de muchas horas de radio, varios monólogos, y dos libros publicados, hoy en día sigue dando caña junto a Arturo González-Campos, su compañero de batalla en “La Parroquia de El Monaguillo“, de lunes a viernes de 2 a 4am. “La parroquia” está triunfando más que nunca en las redes sociales y alcanzando un gran número de descargas de sus podcast.

Además de hacer reír, a Sergio le encanta comer, y cuando le comenté que tenía una web en la que recomendaba restaurantes en Madrid, se le pusieron los ojos como platos.

En seguida se hizo seguidor y nos mencionó varias veces en Twitter, y queríamos devolverle el detalle convirtiéndole en nuestro primer “Morro Fino”.

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Sergio es de esos que no le tiene miedo a nada, le gusta probar cosas nuevas, y por eso decidimos llevarle a La Panamericana, un restaurante donde plantean un menú degustación, que según su creador, Emiliano Reyes: “es desectructurado, te rompe los esquemas”. Y por eso quisimos compartirlo con Sergio, cenando con él y sometiéndole al cuestionario del “Morro Fino”. Ahí va:

¿Dirías que eres un morro fino?

Me gusta comer, soy exquisito. He tenido la suerte de ir a muchos sitios, restaurantes muy buenos donde he disfrutado mucho. Pero también me gusta el rollo campechano, de guarreo. A mí de vez en cuando, una noche de Burger King y película no me la quita nadie. Un par de Whoppers y una Coca Cola grande, y te quedas así como sin conocimiento, a lo mejor dos minutos sin riego sanguíneo.

¿Qué es lo más raro que has visto en un plato de comida?

En Zaragoza probé una de las cosas más raras que he comido. Me llevaron a cenar una cosa típica que allí, unos canapés de anchoas con leche condensada, y anchoas con chocolate. ¡Espectacular! De iniciativa propia como que no te las vas a querer comer, pero cuando te obligan un poquito… un “no hay huevos”… y es que están riquísimas. Este era un sitio de esos que cuando pides la cuenta, te meten una ostia que no hay orquesta que toque la canción que estás bailando. Pero claro… está todo espectacular.

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¿Eres de los que aunque esté solo en casa, se pone su mantelito y todo muy bien preparado?

¡Pero si es que eso es lo mejor! Con tu mantelito, tus cositas… yo me he hecho mi solomillo a la pimienta, solomillo con champiñones, con sus salsas… Yo hago las salsas, ¿eh?. Y no uso champiñones de esos de lata, que son de goma. Esos champiñones los tiras, y vuelven… ¡los tiras y vuelven!  Goma, goma, kriptonita para el que le guste comer.

¿Hay algo que no comerías bajo ningún concepto?

Yo he visto mucho documental de cocina porque me gustan, pero sobre todo los del canal Viajar y todo ese rollo. Y yo lo que no me comería serían insectos. Yo veo que los cogen ahí a puñados y pienso “pero… ¿qué necesidad tienen de comer de esa mierda?”

Mientras tanto, Sergio estaba flipando con el “Cardito Express” que nos trajo Emiliano, un caldito de verduritas y marisco, servido en cafetera italiana.  Buenísimo.

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¿Eliges los platos mirando la carta, o mirando los platos de la gente que tienes al lado?

Yo miro más la carta. Es que me da mucho apuro mirar a la gente y preguntarle al camarero “Oye, eso que has puesto en esa mesa, ¿qué es?” Hombre, alguna vez lo he hecho, pero miro más la carta. Lo que pasa es que yo cuando voy a un restaurante, como algo me guste soy de pedir siempre lo mismo,  soy fiel y pesado. Y lo malo es que siempre pido lo mismo, estoy siempre como en un bucle eterno.

¿Con qué comida te darías un homenaje?

Con mi plato favorito, ¡con un gazpacho!

Un gazpacho así frío, muy fuerte de vinagre… pues me puedo tomar tranquilamente un litro en una comida. Me encantan las ostras, los carabineros, pero ¡calla y ponme un gazpacho!. De verdad que lo prefiero. ¡Gazpacho por favor!, además con gotero, si estoy enfermo, que me lo pongan con gotero.

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¿Eres más de nueva cocina, o de cocina de toda la vida?

Yo ahí no puedo escoger, porque casi todos los días tengo que comer y cenar, así que no me voy a inclinar porque me gustan las dos. Voy variando. Según la situación, me puedo ir a cenar algo especial, o a una sidrería con mantel de papel, pedir unas cuantas raciones y pegarme un festival.

Es que después es muy típico eso de “unos huevos con patatas fritas”, pero es que eso… ¡eso está muy rico! Pero claro, también está muy rico lo que nos estamos comiendo aquí en La Panamericana, mucho más elaborado.

Aquí estábamos a punto de hincarle el diente al “Cucurucho de pollo con relleno con ají de pollo y cilantro”… otro de los clásicos de La Panamericana.

Las croquetas, ¿te las comes en uno o en dos bocados?

En dos. Bueno a ver, si es la croqueta de boda, de uno. Hay dos clases de croqueta de boda: la que está buena, y “la otra”. “La otra” es una que tú mismo puedes pelarla y quedarte por un lao con la masa, y por otro con el empanado. A mí me gusta la que está buena, que es la que te comes de un bocado.

Sergio y Emiliano nos enseñan el “Bloody Mery Acapulqueño”, un cóctel de langostinos macerados en lima, oregano, tomate, jalapeños, cebolla roja, pepino y aguacate. Una locura.

Si en un restaurante hay un plato con el nombre del restaurante, tipo “bocadillo Manolo”, en el bar Manolo, ¿te lo pides?

No, no, no… eso pasa siempre, como en las pizzas. Está la margarita, la “nosequé”, la “nosecuantos” y luego  “La Géminis”. ¡No te la pidas! Como la pizza Roma, ¡nunca la pidas!

La música en un restaurante, ¿es un repelente o un complemento?

A mí no me incomoda, mientras esté flojita… que haya una musiquita. lo que pasa es que en España no dejamos que se escuche. Mientras que no sea Kenny G, yo acepto cualquier cosa.

Además todas las cenas deberían terminar con el “We Are The Champions”.

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Los camareros ¿deben ser agradables y eficaces, o eficaces e invisibles?

Según… en compañía de unos amigos como hoy, agradables y eficaces. Si voy en compañía de mi chica, por ejemplo, o con una persona que acabo de conocer,  mejor que sean eficaces e invisibles. Pero si estas con amigos, te gusta eso, a mí me gusta ir a sitios que ya me conocen, y yo los conozco, porque también te gusta que te traten bien, con cercanía,  y eso también está guay.

¿Cuándo te pegas un homenaje, intentas compensarlo al día siguiente haciendo deporte?

Si sí, siempre.  A veces incluso antes de ir, ya lo he hecho, para compensar antes y después. A veces salgo del restaurante hasta enfadado: “No debería haber pedido esto”, pero claro,  ¡venía de menú, tenía que comerlo todo!

Te gusta más, ¿luz natural o luz artificial?

Yo necesito luz. Mira, el otro día cené en Rota, en la playa, en un asiático tipo chiringuito, hecho con un gusto impresionante, pero te voy a decir una cosa que no es mentira, solicitabas una linterna y te la traían a la mesa para poder ver la carta. Tenían una linterna, que no era la típica linterna de Expediente X, era como un flexo pequeñito, rollo LED, que te lo llevan a la mesa para que leas la carta. Y claro, ¡había platos que me los estaba comiendo y no los veía!. Necesito luz, me da igual que sea artificial, natural, dos tubos de esos de fluorescentes de la cocina, ¡me da igual, lo que quiero ver es lo que me estoy comiendo!. Mira, la gente que come con velas… ¡mis respetos!

Parece que los “Tacos de lomo salteado con verduritas al wok” le gustaron mucho a Sergio.

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¿Recuerdas alguna anécdota de comida o cena que acabase en desastre?

Hombre… pues una vez fui a cenar así en plan guay, y a mi me gustan los carabineros, les corto la cabeza con un cuchillo y luego con una cucharita me como la cabeza, que tiene ahí todo el liquidito. Entonces yo, como soy un ansias, pensaba “venga va, otro más, y otro más”. Y ese líquido es muy fuerte, ¡eso es la baba de Alien!, eso tú lo tiras al suelo y empieza a comerse el suelo, y claro, uno, y otro, y otro…  pues me empezó un apretón que yo mismo me escuchaba el surround que tenía ahí dentro. Los jugos gástricos ahí diciendo “pero esto… que para esto no estamos programaos, ¿esto que mierda es ahora?”. Entonces claro, me pasé toda la cena yendo y viniendo del baño, blanquito que era Gandhi… vamos, tenía el color de un bidé… ¡sudaba frío!. Me di la vuelta como un calcetín.

¿Eres de los que pide tupper para meter las sobras?

Yo soy de los que le dicen al camarero: “dámelo, que es para el perro… pero no me lo pongas todo junto”.

Hoy sí que no ha sobrado nada… ¿Te ha gustado la cena de hoy?

Espectacular.  Todo estaba buenísimo, es un sitio muy recomendable., volveré seguro con mi mujer para que conozca La Panamericana.

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Hemos gozado de lo lindo con el menú degustación de La Panamericana, y con la compañía de Sergio “El Monaguillo”, y por lo visto él también. Al salir del restaurante, Sergio ya estaba como loco hablando con Emiliano Reyes, pidiéndole una reserva para que su chica lo conociera la semana siguiente.

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